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Marsili, Rubén

Cuando hace algunos años, un amigo de Toto Marsili, nos pidió a Mónica Caropresi y a mí ir a visitar a este muchacho que escribe poesías, no imaginábamos de ninguna manera que encontraríamos a un poeta en estado puro, como reflexionaría tiempo después Rubén Moncada sobre él. Tal vez porque Rubén Marsili es absolutamente todo lo contrario a lo esperado de alguien que escribe (y de qué manera) es que me resulta un acto de inmensa alegría poder dar algunas mínimas noticias de su poesía, magma donde Rimbaud, Baudelaire, los filósofos existencialistas, las calles con sus códigos secretos y a veces absolutos, personajes sociales que se encaraman por arriba de las miserias humanas, de los actos desleales y de las corrupciones, Borges, los ojos increíbles de una joven que conoce en un pueblo al que nunca regresa, las palabras de los que escribieron y de los que escriben, sus propios compañeros y sus ocultas maravillas, se amalgaman en la poesía vertiginosa y sin treguas, fronteriza y perenne de quien hoy presentamos.Entre nosotros (los escritores de la SEA) estamos prćticamente de acuerdo en que esta poesía está entre la mejor producida en el país, sin embargo, Rubén Marsili no sale de su barrio Belgrano, de su calle con su casa al fondo, de su jardín y de las fotos de su viejo, de sus pantalones llenos de pintura y su bicicleta andariega.Ya con el libro en la calle abundaremos disfrutando y ahondando esta poesía que marca al lector más de una vez y cada vez que se repita su lectura. Por ello, bienvenido Toto, no al mundo de la poesía, mundo que conoces de manera religiosa, podría decirse, sino al de los poetas editados, en esta ciudad de pocas oportunidades para hechos como este. Al amigo lector solo le pedimos que nos haga llegar su opinión, simplemente para verificar que no estamos equivocados, para corroborar que estamos ante la presencia de un meteoro de la poesía argentina, y que vive aquí, a la vuelta.